Lo esencial: Ely, una bisabuela de 64 años, completó la Maratón de Santiago de Chile en 7 horas, 18 minutos y 34 segundos, superando obstáculos como artrosis, falta de entrenamiento y un viaje diario de 4 horas en bus para llegar al trabajo.
¿Cómo lo logró?
Ni la artrosis en las rodillas ni el poco tiempo de entrenamiento semanal le impidieron correr los 42 km. Lo clave aquí es que su fortaleza mental, forjada al criar casi sola a sus tres hijos y vivir en una zona de bajos recursos, fue su mayor aliada.
Su objetivo no era marcar un tiempo récord, sino cruzar la meta. Sin embargo, al demorar más que los 33.000 competidores, enfrentó desafíos inesperados: se quedó sin agua cuando los puntos de hidratación ya estaban cerrados y se perdió en el camino.
El momento histórico: la última en llegar
Mientras los ganadores —el keniano Cornelius Chepkok (2:09:48) y la etiope Tigst Belew (2:27:00)— ya habían sido premiados, Ely seguía en la retaguardia. En la meta, solo quedaban los trabajadores desmontando el evento.
Un grupo en un restaurante cercano la vio acercarse con su camiseta morada (número 7613) y comenzó a animarla: «¡Vamos Ely, dale Ely!». Así, entre aplausos y vuvuzelas, se convirtió en la última maratonista en llegar.
«Llegué última, pero me siento ganadora», dijo emocionada. «No se puede explicar la alegría que uno siente en el pecho».
¿Por qué su historia inspira?
Ely vive en Bajos de Mena (Puente Alto), un barrio históricamente segregado con altos niveles de pobreza y estigmatizado por el aumento de crímenes vinculados al narcotráfico. «Piensan que todos somos delincuentes», denuncia. «No toda la gente es así. La gente con trabajo se levanta temprano a trabajar».
Para ella, correr la maratón fue un acto de reivindicación social. «Me gustaría que los jóvenes hicieran más deporte», afirma, orgullosa de su esfuerzo para que sus hijos salieran adelante.
La clave: Su historia demuestra que la determinación y la resiliencia no tienen edad ni límites. ¿Qué sigue? Que su ejemplo motive a otros a superar sus propios desafíos.
¿Qué enseña su historia sobre superar obstáculos?
Lo que el artículo revela es que el verdadero límite no está en las condiciones físicas o externas, sino en la capacidad de adaptarse y persistir. Ely no solo superó su artrosis y la falta de entrenamiento, sino que transformó cada dificultad en un paso más hacia la meta.
En la práctica, esto significa que la resiliencia se construye con acciones concretas: seguir adelante a pesar de los recursos limitados, ignorar los estereotipos y enfocarse en el objetivo personal, no en la comparación con otros.
- La fortaleza mental puede compensar limitaciones físicas o logísticas.
- Los obstáculos inesperados (como quedarse sin agua) exigen creatividad y determinación.
- El apoyo comunitario, aunque tardío, puede ser el empujón final para alcanzar el logro.
¿Cómo aplicar esto en tu vida?
La pregunta clave no es si tienes las condiciones ideales, sino cómo usas lo que ya tienes. Como Ely, el éxito está en redefinir lo que significa ganar: no es el tiempo, sino el hecho de no rendirse.
