Lo esencial: Rosana Monteiro Lima, argentina de origen caboverdiano, lleva 22 años en Cabo Verde, donde construyó Mamdyara, su emprendimiento de fitocosmética natural, en un entorno sin inflación y con cercanía a las autoridades.
¿Cómo llegó a Cabo Verde?
Nació en Argentina, donde vivió hasta los 39 años. Su padre, João Rómulo Monteiro Lima, era caboverdiano y llegó a Argentina como polizonte a los 17 años. Trabajó como maître en barcos y luego montó negocios como el barco boite Ciudad de Corrientes en la Costanera. Fue cofundador del Club Caboverdiano y la Sociedad de Socorros Mutuos. Su madre, argentina, y él formaron una familia unida.
Tras la muerte de su madre, Rosana y sus hermanos decidieron que su padre se mudara a Cabo Verde. Ella, con estudios en informática y biología, redescubrió su conexión con las plantas medicinales, heredada de su abuelo guaraní. Llegó hace 22 años a San Vicente, isla con unos 83 mil habitantes, y nunca más se fue.
¿Qué desafíos enfrentó?
La adaptación fue difícil: el idioma creole era una barrera inicial, aunque los caboverdianos, políglotas, facilitaron su integración. Montó Mamdyara en Mindelo, pionera en fitocosmética natural con arcilla y tinturas, algo poco común en el país. Tuvo que impulsar la regulación farmacéutica local, ya que muchos productos se importaban.
Lo clave aquí es que Cabo Verde, independiente desde 1975, era un paraíso despojado de infraestructura. Rosana destaca la morabeza (hospitalidad caboverdiana), un valor que comparte con la calidez argentina.
¿Y el fútbol en Cabo Verde?
Rosana ve en el fútbol una herramienta de transformación social. Su hijo mayor, Caetano, formó parte de los primeros grupos de fútbol infantil en el país, aunque tuvo que irse a Argentina para estudiar Educación Física por falta de estructura local. Su otro hijo, en Canarias, y su familia vivieron con pasión la clasificación de Cabo Verde al Mundial.
La sociedad caboverdiana, antes indiferente al fútbol, ahora vibra con los Tiburones Azules. Rosana y su familia celebraron en las calles, algo inédito para ella. El equipo cuenta con apoyo local: el director técnico, masajista, nutricionista y chef son de San Vicente. La cancha Ayrton Senna es un referente para el desarrollo del deporte.
El impacto directo: El fútbol se convirtió en un símbolo de unidad y orgullo nacional, alejando a los jóvenes de situaciones de riesgo.
Lo que debes saber
- Rosana Monteiro Lima lleva 22 años en Cabo Verde, donde creó Mamdyara, su negocio de fitocosmética natural.
- Su padre, João Rómulo, fue un emprendedor caboverdiano que prosperó en Argentina sin estudios formales.
- La morabeza (hospitalidad) es un valor central en Cabo Verde, similar a la calidez argentina.
- El fútbol en Cabo Verde pasó de ser minoritario a ser una pasión nacional, impulsado por la clasificación al Mundial.
- La isla de San Vicente tiene unos 83 mil habitantes y es un centro cultural y deportivo.
La clave: Cabo Verde ofrece estabilidad económica y social, ideal para emprendedores como Rosana.
¿Por qué Cabo Verde es un destino estratégico para emprendedores?
El caso de Rosana Monteiro revela que el entorno caboverdiano ofrece ventajas únicas: estabilidad económica sin inflación y acceso directo a las autoridades, clave para agilizar trámites y regulaciones.
En la práctica, esto significa que emprendedores como ella pueden innovar en sectores poco explotados, como la fitocosmética natural, sin las barreras burocráticas o financieras típicas de otros mercados. La morabeza no solo facilita la integración social, sino que también fomenta redes de apoyo locales, esenciales para negocios pioneros.
- La cercanía con las autoridades acelera la implementación de regulaciones necesarias para nuevos mercados.
- La estabilidad económica permite planificar a largo plazo sin la incertidumbre de la inflación.
- La cultura local valora la innovación y el emprendimiento, incluso en áreas no tradicionales.
¿Qué oportunidades concretas ofrece este modelo?
El ejemplo de Mamdyara demuestra que Cabo Verde no solo es viable para negocios, sino que su combinación de estabilidad, apoyo institucional y valores culturales lo convierte en un laboratorio ideal para proyectos con impacto social y económico. La pregunta clave es: ¿qué otros sectores podrían beneficiarse de este mismo ecosistema?
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