Terapia con dolutegravir restaura flora intestinal en VIH diagnosticado tarde

La mitad de los nuevos casos de VIH se descubren cuando el virus ya ha dañado gravemente las defensas y ha alterado la comunidad bacteriana que habita el intestino.

Una investigación que acaba de ver Nature Communications demuestra que los tratamientos que contienen dolutegravir consiguen restaurar ese ecosistema intestinal en quienes reciben un diagnóstico tardío, al tiempo que disminuyen la inflamación y la activación inmunitaria.

Mejor penetración en la mucosa intestinal

Francesc Català-Moll, investigador de IrsiCaixa y autor principal del estudio, explica a la agencia SINC que este inhibidor de la integrasa alcanza mayores concentraciones en el intestino que otros antirretrovirales, reduciendo así los daños en la barrera intestinal.

El ensayo incluyó a participantes que recibieron el mismo esquema base y, de forma aleatoria, se añadió dolutegravir o la combinación de darunavir más ritonavir. Los datos abren nuevas vías para lograr una recuperación completa de la salud en personas seropositivas.

Recuperación de la flora y de las defensas

El equipo trató a 88 individuos diagnosticados en fases avanzadas de la infección. Durante dos años, se les administró dolutegravir o dos inhibidores de la proteasa junto con otros antirretrovirales.

Ambos esquemas suprimieron la carga viral y repusieron los linfocitos CD4+, pero el régimen con dolutegravir incrementó la diversidad microbiana intestinal.

«Estos pacientes mostraron una mejor restauración inmunitaria, menor activación del sistema defensivo y menos inflamación», detalla Roger Paredes, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol e investigador principal de IrsiCaixa. «Tras dos años, su barrera intestinal era muy similar a la de personas sin VIH», añade.

El problema de los diagnósticos tardíos

El VIH avanzado provoca desequilibrio del microbioma, inflamación crónica, activación constante de las defensas y tránsito de bacterias del intestino al torrente sanguíneo.

Estos elementos favorecen el envejecimiento prematuro y elevan el riesgo de enfermedad cardiovascular y deterioro neurocognitivo.

«En etapas tardías, el virus destruye el tejido linfoide intestinal, donde residen la mayoría de los linfocitos CD4+», describe Català-Moll. «Esa pérdida compromete la barrera intestinal y permite que bacterias entren a la sangre generando inflamación sistémica crónica».

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