El misterio de las almohadas: Los especialistas en sueño revelan por qué algunas personas duermen rodeadas de múltiples almohadas.
El acto de dormir es uno de los momentos de mayor vulnerabilidad para el ser humano. Mientras descansamos, el cuerpo y la mente buscan refugio de las tensiones acumuladas durante el día. A raíz de esto, un hábito aparentemente común llamó la atención de psicólogos y expertos en medicina conductual: la necesidad de rodearse, apilar o abrazar múltiples almohadas en la cama.
Según la doctora Shelby Harris, psicóloga clínica especializada en medicina conductual del sueño, este comportamiento se debe en primer lugar a una necesidad ergonómica y de alineación corporal. Colocar almohadas a ambos lados del cuerpo o debajo de las rodillas es una técnica conductual efectiva para «entrenar» al organismo a mantener posiciones saludables, como dormir boca arriba, con la intención de evitar dolores musculares y problemas de reflujo gástrico.
Las almohadas funcionan como herramientas mecánicas de soporte, no ocultan traumas. La doctora Harris enfatiza que su uso adecuado puede mejorar la calidad del sueño significativamente.
Sin embargo, cuando el hábito persiste más allá de la comodidad física, la psicología clínica encuentra una explicación en la neurobiología del estrés y la regulación emocional. La doctora Stephanie Silberman, experta de la Academia Americana de Medicina del Sueño, señaló que rodearse de elementos blandos genera un «efecto nido». Al percibir la presión suave y la textura de las almohadas contra la piel, el sistema nervioso parasimpático se activa, disminuyendo los niveles de cortisol —la hormona del estrés— y estimulando la liberación de oxitocina, lo que promueve una profunda sensación de calma y seguridad indispensable para evitar la rumiación mental antes de conciliar el sueño.
Este efecto puede ser especialmente beneficioso para personas que experimentan ansiedad o estrés antes de dormir.
La búsqueda de contención física también conecta con la teoría de los objetos transicionales, propuesta por el psicoanalista Donald Winnicott. Los adultos recurrimos inconscientemente a las almohadas como sustitutos táctiles que brindan una base segura frente a la vulnerabilidad de la noche, especialmente en períodos de alta carga emocional, soledad o transiciones difíciles.
En este sentido, dormir con muchas almohadas no tiene un único significado o veredicto psicológico estricto. Según los especialistas del sueño, este hábito se justifica como una respuesta adaptativa e inteligente de nuestro cuerpo. Ya sea para alinear la columna vertebral tras una jornada agotadora o como un mecanismo de regulación emocional externa para mitigar la ansiedad a través del tacto, las almohadas operan como fieles aliadas en la incansable búsqueda humana de confort, protección y un descanso reparador.
«Las almohadas son una herramienta para mejorar la calidad del sueño y reducir el estrés», afirma la doctora Harris.
¿Cuántas almohadas son demasiadas?
Si bien no hay un número específico que defina cuándo dormir con muchas almohadas se vuelve un problema, los especialistas señalan que usar entre 3 a 5 almohadas es común y puede ser beneficioso para la alineación corporal y la reducción del estrés. Sin embargo, si excede las 6 o 7 almohadas y esto afecta su capacidad para conciliar el sueño o mantenerse dormido, podría ser indicativo de una dependencia psicológica.
¿Qué dicen los expertos sobre el uso de almohadas en diferentes edades?
Los expertos en sueño sugieren que los niños y adolescentes pueden beneficiarse más del uso de múltiples almohadas como objetos transicionales, ayudándoles a manejar la ansiedad y a desarrollar hábitos de sueño saludables. En adultos, el uso de varias almohadas puede estar más relacionado con la búsqueda de confort físico y regulación emocional. En personas mayores, el uso de pocas almohadas o una almohada ortopédica puede ser más común debido a la necesidad de soporte lumbar y alivio del dolor.
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