Sumergirse en un libro no solo amplía la imaginación, sino que pone en marcha complejas redes neuronales encargadas de la memoria, el lenguaje y las emociones, generando beneficios cognitivos y afectivos duraderos.
Cada término que procesamos activa circuitos relacionados con la vista, el recuerdo, los sentimientos y el habla. Este ejercicio cerebral continuo refuerza la atención y la empatía, convirtiéndose en un entrenamiento mental constante.
A diferencia de otras formas de ocio, leer exige interpretación y meditación. Durante la lectura, el cerebro segrega dopamina, serotonina y oxitocina, neuroquímicos ligados al placer, al bienestar y al vínculo social. Además, la práctica habitual potencia la neuroplasticidad y puede postergar el deterioro cognitivo.
El neurólogo Gurutz Linazasoro, especialista en Policlínica Gipuzkoa, explica que disfrutar de una obra activa circuitos de recompensa: «Pero también se liberan serotonina y endorfinas, asociadas a la calma y al bienestar; y oxitocina, que nos impulsa a empatizar con los personajes y situaciones. Si el tema genera incomodidad (injusticia, violencia, etc.), miedo o asco, predominan los corticoides y la adrenalina».
Linazasoro añade que el género influye en la activación de redes: un drama histórico y un thriller estimulan circuitos distintos. «En pocas palabras, según la emoción que se desencadene se activan diferentes núcleos, muchos ubicados en el sistema límbico (amígdala, ínsula). Este es el componente más inmediato, pero en realidad leer activa prácticamente todo el cerebro», afirma.
Releer estimula regiones implicadas en la memoria y la recuperación de recuerdos, especialmente los de carga emocional. Además, el cerebro anticipa sucesos futuros y detecta detalles que en la primera pasada pasaron inadvertidos.
«Muchos de esos recuerdos son emocionalmente intensos. Como el cerebro es una máquina predictiva, va adelantándose a lo que ocurrirá. También surgen escenas que antes pasaron desapercibidas o que ahora adquieren un matiz distinto, sorprendiendo y provocando una revisión del argumento o ayudando a comprender algo que antes no quedó claro», continúa el doctor.
La lectura frecuente mejora la concentración y estimula la imaginación. «La lectura potencia ambas capacidades. Además de entretener e impulsar la fantasía, es vía para adquirir conocimiento y un antídoto contra el deterioro cognitivo. El contenido y su calidad literaria condicionan el éxito de este objetivo», asegura.
Entre los beneficios neurológicos, el especialista señala que el analfabetismo se vincula a mayor riesgo de demencia. Asimismo, recalca que la lectura debe integrarse en un estilo de vida equilibrado que incluya ejercicio físico, interacción social, control de presión arterial, glucemia y colesterol, alimentación adecuada y sueño suficiente para maximizar sus efectos cerebrales.
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