Lo esencial: Daniel (63) y su hijo Tony (25) emprendieron un viaje en moto de 15.000 km por 13 países para llegar al Mundial, enfrentando desafíos como rutas extremas, averías mecánicas y noches a la intemperie.
¿Cómo surgió la idea del viaje?
Daniel lleva 49 años montando en moto, y Tony, el menor de cuatro hermanos, siguió sus pasos a los 15. La pasión por las motos los unió: tras vivir en México y volver a Argentina, Tony comenzó a consumir contenido de viajeros en moto, lo que encendió la chispa.
Inicialmente, Tony soñaba con conectar Ushuaia y Alaska, pero la idea evolucionó. La oportunidad del Mundial fue el detonante: «Vayamos a ver el mundial con las motos», decidieron. Daniel, con décadas de experiencia en viajes largos, aceptó el reto.
¿Cómo planearon 15.000 km por 13 países?
La planificación les llevó un año. Daniel proponía hacer el viaje en dos meses; Tony, en cuatro. Acordaron tres meses como plazo realista, basándose en consejos de otros viajeros sobre rutas, cruces fronterizos y requisitos legales.
Organizaron los primeros 15 días al detalle, pero dejaron margen para improvisar. Lo crítico fue garantizar la documentación: visas, papeles de las motos y equipamiento. «No íbamos a llegar a un país y que nos mandaran de vuelta», subraya Tony.
Partieron desde Córdoba Capital el 5 de marzo, documentando su aventura en Instagram como @rutaalmundial.
¿Cuál fue el mayor desafío?
El primer obstáculo llegó al tercer día: Tony convenció a su padre de desviarse por Tucumán para conocer Tafí del Valle. «Él me decía que el viaje lo hiciéramos simple, por rutas principales», reconoce Tony. Pero el camino los llevó a San Antonio de los Cobres, donde subestimaron el mal estado del trayecto.
Se perdieron dos veces en la montaña, sin señal de celular y sin mapa descargado. La noche los sorprendió en el Paso Sico, un cruce fronterizo no autorizado para civiles. Los gendarmes les advirtieron que el pueblo más cercano, Catua, estaba a 18 km (1.5 horas en esas condiciones).
El camino era brutal: arena hasta el tobillo, motos sobrecargadas y, finalmente, el embrague de la moto de Tony se rompió. Durmieron a la intemperie, sin carpa. Al día siguiente, Samuel, un local, los rescató cargando la moto hasta San Salvador de Jujuy.
«Cuando volvamos a Argentina queremos llevarle un cartel al pueblo», dice Tony, agradecido.
Los problemas mecánicos persistieron: en México, la moto de Tony (comprada meses antes del viaje) comenzó a fallar. Un ruido extraño en el motor lo dejó varado una semana en Oaxaca. Tras avanzar 1.500 km, el problema resurgió. En Los Ángeles, la moto volvió a fallar, dejándolo días en un taller. «Mucha frustración, pero es parte del viaje», admite.
¿Cómo es la recepción de la gente?
El regreso a Argentina está planeado tras el Mundial. Tony hará el viaje de vuelta solo, ya que Daniel volvió a Córdoba por razones económicas y personales. La moto de Daniel quedó en Tijuana, y él regresó en avión. Tony espera que su padre pueda unirse para los partidos, aunque el alto costo de las entradas sigue siendo un obstáculo.
Durante el trayecto, durmieron en hoteles económicos, casas de conocidos y de personas que conocieron en el camino. «Somos super simples», asegura Tony. «Algunos nos tratan de locos, nos dicen que es peligroso, pero la respuesta de la gente siempre es positiva».
La clave: Un viaje épico donde la pasión supera los obstáculos, pero con lecciones claras: planificar lo crítico y aceptar lo imprevisto.
¿Qué puedes aprender de su planificación para tus propios viajes?
La aventura de Daniel y Tony demuestra que incluso los viajes más ambiciosos requieren un equilibrio entre estructura y flexibilidad. Lo clave aquí es que su éxito se basó en priorizar lo crítico: documentación, rutas principales y equipamiento, mientras dejaban espacio para lo imprevisto.
En la práctica, esto significa que una planificación rígida puede ser contraproducente. Su decisión de detallar solo los primeros 15 días —y adaptarse sobre la marcha— les permitió manejar crisis como el desvío por Tucumán o las averías mecánicas sin abandonar el objetivo.
- Documentación impecable: visas y papeles de las motos fueron no negociables para evitar rechazos en fronteras.
- Improvisación controlada: aceptaron que el viaje no sería perfecto, pero sí viable.
- Red de apoyo: la ayuda de locales (como Samuel) y la comunidad de viajeros fue decisiva en momentos críticos.
¿Estás listo para el imprevisto?
El mensaje práctico es claro: si planeas un viaje largo, enfócate en lo esencial y prepárate para lo inesperado. Como ellos, descubre que el verdadero desafío no es el camino, sino cómo lo enfrentas.
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