En apenas veinte meses, Rob Jetten condujo al partido social-liberal D66 desde la quinta a la primera posición del tablero político neerlandés.
Todo conspiró a favor de este dirigente de 38 años para lograrlo.
Esta semana, Jetten se convirtió en el mandatario más joven y el primer jefe de gobierno abiertamente gay de los Países Bajos tras jurar su gabinete minoritario.
Jetten conformó un ejecutivo de centro-derecha con el VVD y la CDA.
Se trata de una coalición que no alcanza mayoría, por lo que cada reforma clave deberá negociarse voto a voto en ambas cámaras del parlamento.
Exposición mediática y discurso esperanzador
Ningún otro líder concentró tanta cobertura durante la campaña electoral de octubre pasado como Jetten.
Su sonrisa permanente y su mensaje optimista conectaron con el electorado, algo que no lograron varios rivales.
Casi no pasaba noche sin aparecer en la televisión.
Incluso participó en el concurso “La persona más inteligente”, grabado meses antes.
Su acierto mayor fue transmitir un mensaje positivo bajo el lema Het kan wel (“Sí se puede”), inspirado en el Yes, we can de Barack Obama.
Pionero LGTBI+ en la jefatura del gobierno
Jetten es también el primer líder abiertamente homosexual del país.
Apasionado por la política desde la infancia, creció en un pueblo de la provincia de Brabante y reveló su orientación siendo adolescente.
Aunque no ha convertido su vida personal en bandera, hace cinco años publicó un vídeo leyendo insultos homófobos de su móvil para visibilizar el Día Internacional contra la Homofobia.
Está prometido con el jugador argentino de hockey Nicolás Keenan y planean casarse este año.
Se afilió temprano al centrista D66, donde los dirigentes detectaron rápidamente su potencial.
Tras trabajar para la empresa ferroviaria ProRail, fue elegido diputado en 2017 y se desempeñó como ministro de Clima bajo Mark Rutte (2010-2024), hoy secretario general de la OTAN.
El apodo que casi lo entierra
Su carrera no fue un camino de rosas.
Un colega parlamentario criticó su postura “insistente” sobre cambio climático y sus ambiciosas metas se frustraron cuando la invasión rusa a Ucrania disparó la energía.
Encabezó la desastrosa campaña de 2023, en la que D66 apenas logró nueve escaños, tras el segundo lugar obtenido por su predecesora Sigrid Kaag.
Entonces era tordez ante las cámaras; ciertos medios lo calificaban de aburrido y un crítico lo bautizó “Jetten el robot”.
“¡Jetten el Robot va a ser primer ministro!”, le espetó un periodista la noche electoral.
“A veces, en política, lo inesperado ocurre”, respondió con una amplia sonrisa.
Sus seguidores lo comparan con un Mark Rutte en miniatura.
Jetten celebra la analogía, pues muchos neerlandeses añoran la estabilidad de los gobiernos de Rutte.
Ambos se muestran alegres y pragmáticos y comparten fama de dormir poco.
Su colega Roy Kramer apunta la diferencia: “Rutte habla por los codos; Jetten es más reservado”.
El reto inmediato y una broma fuera de lugar
El liberal tiene ambiciosos planes, encabezados por la crisis de vivienda: faltan unos 400.000 hogares.
Propone construir diez nuevas ciudades y critica que en los últimos 10-15 años no se hizo “nada realmente impresionante”.
Para cumplir sus promesas necesitará la resistencia política que caracterizó a Rutte, capaz de sobrevivir a cuatro gabinetes.
Durante la campaña tuvo un traspié al bromear ante 2.000 estudiantes en Róterdam: “La mejor forma de promover el servicio militar es entrenar con la princesa heredera; seguro a más de uno le interesaría”.
El moderador lo increpó: “¿Qué clase de comentario sexista es ese?”.
Más tarde reconoció la inoportunidad, pero el episodio no pareció perjudicarlo.
“Manos a la obra”
Jetten juró ante el rey Guillermo Alejandro en el Palacio Huis ten Bosch de La Haya.
Antes de la ceremonia publicó una selfie en X: “Orgulloso de hacer esto juntos. Nueva etapa, gran responsabilidad y, sobre todo, promesa compartida de trabajar por todos en los Países Bajos”.
“No nos detendremos en lo que falla; construiremos sobre lo que puede mejorar. Eso exige valentía y colaboración”.
En los Países Bajos su homosexualidad apenas fue tema de campaña, un reflejo de la igualdad del país.
A escala global, se suma al reducido grupo de mandatarios abiertamente gais; para millones en naciones donde salir del armario implica riesgo, su ascenso simboliza la rotura de un techo de cristal.
El lunes, junto al rey sobre la alfombra roja del palacio, dio la imagen de un primer ministro impecable.
Tras la confirmación, colgó la foto oficial en Instagram con un mensaje directo: “Manos a la obra”.
*Artículo publicado originalmente en octubre de 2025 y actualizado tras la toma de posesión.
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