Mujer sonriendo en una playa de Brasil con acantilados rojizos al fondo

Dejó el estrés de su vida en Buenos Aires y emigró a un paraíso frente al mar donde persigue sus propios deseos

UNA NUEVA VIDA | Sol Machado sintió que su vida en Buenos Aires se había convertido en una carrera sin llegada. Vendió todo y se mudó a una playa del nordeste brasileño en busca de una vida más tranquila.

Entre desmayos, jornadas infinitas y una ansiedad capaz de borrar recuerdos, Sol sintió que la vida se había vuelto insostenible. Así que cruzó la frontera rumbo a una playa del nordeste brasileño y descubrió, entre acantilados y mareas tibias, una versión desconocida de sí misma. Desde Pipa, aquel rincón que transformó su manera de mirar el mundo, levantó una historia de reinvención que miles siguen cada día.

Toda ciudad contiene una conversación secreta entre el deseo y la memoria, escribió Italo Calvino en su magistral Las ciudades invisibles. Sus habitantes pueden pasar su vida intentando descifrar esa conversación sin advertir que, muchas veces, el verdadero territorio al que pertenecen todavía les queda lejos. Sol Machado tardó años en comprenderlo. Antes de descubrir el mar tibio de Pipa y los acantilados rojizos del nordeste brasileño, existió otra geografía mucho más pequeña, una terraza de Rafael Calzada convertida en escenario improvisado frente a una plaza de barrio.

Allí, mientras caía la tarde sobre el sur bonaerense, una chica de voz desafiante acomodaba un micrófono precario, encendía un viejo grabador y ofrecía conciertos para las señoras que salían a caminar. Escribía canciones infantiles, grababa cassettes caseros y repartía aquellas grabaciones entre vecinos con la solemnidad de quien entrega una obra importante. El escenario resultaba diminuto, apenas unas baldosas calientes y el cielo sobre las casas bajas, aunque para ella aquello poseía el tamaño de un estadio.

Sol vivía acelerada en Buenos Aires y en Brasil encontró otra manera de vivir, donde también hace trabaja, pero con otro ritmo y con fonde de mar y acantilados
Sol vivía acelerada en Buenos Aires y en Brasil encontró otra manera de vivir, donde también hace trabaja, pero con otro ritmo y con fonde de mar y acantiladosGza. Sol M

La escena sobrevivió intacta durante años. Una niña que, en tanto, observaba el esfuerzo silencioso de una madre capaz de sostenerlo todo. Quilmes figuró apenas como punto de partida. Rafael Calzada, en cambio, se convirtió en raíz, paisaje sentimental y refugio. «Mi familia es muy chiquita, una hermana mayor, yo soy la del medio y después mi hermana menor. Mis papás se separaron cuando yo era muy chica y mi papá biológico nunca se hizo mucho cargo de nosotras -recuerda-. Mi mamá fue una mujer súper fuerte, muy íntegra, que siempre nos inculcó trabajar, emprender y ser independientes».

La casa familiar giraba alrededor del sacrificio. Cada objeto llevaba detrás varias horas de trabajo. Un deseo exigía paciencia. Sol absorbió aquella lógica con una intensidad feroz. Creció convencida de que el futuro debía conquistarse casi cuerpo a cuerpo. «Uno de los objetivos de mi vida siempre fue triunfar de alguna manera para poder devolverle a mi familia todo lo que hizo por mí», cuenta.

Durante la juventud, el costado artístico quedó guardado en algún cajón invisible. Llegaron los empleos, los horarios eternos, el diseño de indumentaria, los viajes diarios hacia Capital Federal y un emprendimiento paralelo que ocupaba las madrugadas. Mientras trabajaba como encargada en un local de ropa, estampaba prendas para distintas marcas al regresar a su casa. Dormía poco. Pensaba demasiado. Vivía acelerada «Trabajaba muchísimo porque quería ser alguien en la vida -rememora-. Tenía dos trabajos, estudiaba y prácticamente jamás frenaba. Entre los 25 y los 27 años terminé enfermándome. Me desmayaba en la calle, cocinando o tomando algo con amigos. Empecé a perder la memoria, me extraviaba, y los médicos se dieron cuenta de que estaba atravesando un pico gigante de estrés«.

“Me encanta cruzarme con la gente -asegura-. Me abrazan, charlamos, me preguntan cosas de mi vida. Se genera una energía muy linda porque el que llega acá viene feliz, viene relajado”, dice Sol Machado sobre su vida en Brasil
“Me encanta cruzarme con la gente -asegura-. Me abrazan, charlamos, me preguntan cosas de mi vida. Se genera una energía muy linda porque el que llega acá viene feliz, viene relajado”, dice Sol Machado sobre su vida en BrasilGza. Sol Machado

En aquel tiempo, una clienta de quien era entonces su marido mencionó un sitio perdido dentro del nordeste brasileño. Una aldea frente al mar llamada Pipa, todavía ajena al radar turístico masivo. La propuesta llegó acompañada de una promesa empresarial ligada a un salón de belleza. Sol observó fotografías, playas interminables, acantilados rojizos y un verano permanente que parecía extraído de otra dimensión. «Sentí que tal vez un cambio de vida podía ayudarme -añade-. Vendimos todo, el auto, la moto, nuestras cosas, y nos fuimos sin conocer absolutamente nada del norte de Brasil».

El viaje cargaba algo de salto al vacío y algo de huida. Detrás quedaban la presión constante, los cuerpos exhaustos dentro de trenes suburbanos y una rutina capaz de convertir cada día en una repetición interminable. Del otro lado esperaba una carretera junto al mar y una sensación imposible de olvidar «Cuando llegué a Pipa, el taxi venía por la ruta y de repente apareció el acantilado, el mar de un lado, una duna gigante del otro y esa vista panorámica increíble -relata-. Se me puso la piel de gallina. Después de más de quince años viviendo acá, cada vez que paso por ese lugar siento exactamente lo mismo».

El arte de quedarse lejos

Toda emigración contiene una escena silenciosa. Sucede cuando la distancia comienza a sentirse en el cuerpo. Sol creyó durante meses que aquella aventura brasileña duraría poco tiempo. La nostalgia pesaba demasiado. Extrañaba los cumpleaños familiares, las sobremesas, las voces conocidas. El emprendimiento comercial que había motivado la mudanza se derrumbó rápidamente. «El proyecto jamás funcionó -indica-. Nos quedamos sin plata, literalmente. Yo quería volverme a Argentina porque extrañaba muchísimo a mi familia».

Sol encontró en Pipa, en el nordeste brasileño, una forma de vivir mucho más relajada que en el Gran Buenos Aires
Sol encontró en Pipa, en el nordeste brasileño, una forma de vivir mucho más relajada que en el Gran Buenos AiresGza. Sol Machado

Su ex marido pidió una oportunidad más. Entonces apareció Natal, a unos ochenta kilómetros de Pipa, con otra peluquería, otro intento y otro comienzo. Ninguno hablaba portugués. Ninguno poseía certezas. La vida avanzaba igual. El matrimonio terminó poco después, aunque la ruptura abrió una puerta inesperada. Por primera vez desde la adolescencia, Sol quedó sola frente a sí misma. Sin opiniones ajenas orbitando alrededor, sin urgencias familiares ocupando cada pensamiento, sin el peso permanente de resolver la vida de otros. «Fue la primera vez que pude pensar en mí -sentencia-. Estaba sola en la otra parte del mapa, sin marido, sin mi mamá, sin mis hermanas, y me tuve que hacer cargo de mi vida al cien por ciento. Ese momento fue el más loco e increíble que viví».

Algo comenzó a ordenarse de manera casi inmediata. Los desmayos desaparecieron. La memoria regresó. El cuerpo dejó de pedir auxilio. Pipa, con su ritmo lento y sus tardes suspendidas sobre el océano, operó como una especie de medicina involuntaria. «Cuando llegué a Brasil se terminaron todos mis problemas de salud -explica-. Me di cuenta de que vivía bajo tanta presión en Argentina que jamás disfrutaba nada. Todo era trabajo, cuentas, preocupación».

Desde entonces, la relación con el tiempo adquirió otra textura. Sol siguió trabajando muchísimo, aunque bajo una lógica distinta. Aprendió que un día podía incluir obligaciones y placer dentro del mismo movimiento. «Acá trabajás, pero también disfrutás una playa hermosa -advierte-, un mate con amigos, una charla tranquila. En el nordeste brasileño todo tiene otro ritmo».

Después de separarse de su marido en Brasil, Sol quedó sola frente a sí misma y se dio cuenta de algo: "Fue la primera vez que pude pensar en mí"
Después de separarse de su marido en Brasil, Sol quedó sola frente a sí misma y se dio cuenta de algo: «Fue la primera vez que pude pensar en mí» Ig

Durante 2012 apareció el proyecto que cambiaría su historia económica. Con apenas cien reales en el bolsillo compró remeras básicas, pinturas para tela y algunos materiales sencillos. Intervino aquellas prendas con técnicas aprendidas durante sus estudios de diseño, creó un nombre, armó un logo casero y abrió una página de Facebook. «Subí las fotos y les vendí las primeras remeras a mis amigas. Con esa plata compré más cosas, después más telas, después una máquina de coser. Así fue creciendo emprendimiento: Made in Pipa«. Primero llegaron turistas curiosos. Más tarde apareció un local propio en el centro del pueblo. Después surgieron las redes sociales y una comunidad cada vez más grande interesada en descubrir aquel rincón brasileño narrado desde una mirada cercana, cálida y profundamente humana. «Las redes sociales son la nueva televisión -afirma-. Toda esa parte artística que tenía desde chica, esas ganas de comunicar y de estar frente a cámara, encontraron lugar ahí».

Cómo una vida de estrés llevó a Sol Machado a encontrar su paraíso

La historia de Sol Machado es un ejemplo de cómo el estrés y la ansiedad pueden llevar a alguien a replantear su vida y buscar un cambio radical. La joven argentina creció en un entorno familiar que valoraba el sacrificio y el trabajo duro, lo que la llevó a adoptar una mentalidad de esfuerzo constante. Sin embargo, esta forma de vida la llevó a experimentar problemas de salud graves, incluyendo desmayos y pérdida de memoria.

La decisión de dejar atrás su vida en Buenos Aires y mudarse a Pipa, en el nordeste brasileño, fue un punto de inflexión en su vida. La tranquilidad y la belleza natural de Pipa le permitieron encontrar un nuevo ritmo de vida y dejar atrás sus problemas de salud. Su experiencia puede ser un ejemplo para aquellos que se sienten abrumados por el estrés y la ansiedad en su vida diaria.

Un dato interesante es que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el estrés es un problema de salud pública que afecta a millones de personas en todo el mundo. En Argentina, por ejemplo, se estima que el 60% de la población experimenta estrés crónico. La historia de Sol Machado muestra que es posible encontrar un cambio positivo en la vida mediante un cambio de entorno y una nueva perspectiva.

¿Qué se puede aprender de la experiencia de Sol Machado?

La experiencia de Sol Machado nos enseña que, a veces, es necesario hacer un cambio radical en nuestra vida para encontrar la felicidad y la tranquilidad. También destaca la importancia de encontrar un equilibrio entre el trabajo y el placer, y de aprender a disfrutar del momento. Además, su historia muestra que es posible crear una nueva vida y encontrar un sentido de propósito en un lugar nuevo.

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