Ministro israelí Itamar Ben-Gvir con banderas en el recinto de Al Aqsa

Al Aqsa: tensiones por planes israelíes en lugar sagrado del Islam

Lo esencial: Políticos israelíes de derecha buscan modificar el Statu Quo en la mezquita de Al Aqsa para permitir oraciones judías y construir un templo, lo que genera alarma entre musulmanes y la comunidad internacional.

Vista de la Cúpula de la Roca en el recinto de Al Aqsa

¿Por qué Al Aqsa es el epicentro del conflicto?

El recinto, llamado al-Haram al-Sharif por los musulmanes y Monte del Templo por los judíos, es sagrado para ambas religiones. Para el Islam, Al Aqsa es el tercer lugar más sagrado y donde el profeta Mahoma ascendió al cielo. Para el judaísmo, es el sitio del antiguo Templo, destruido por los romanos hace 2.000 años.

El Statu Quo, vigente desde hace décadas, establece que el Waqf (institución islámica administrada por Jordania) gestiona el lugar. Los no musulmanes pueden visitarlo, pero no rezar. La mayoría de rabinos ultraortodoxos también prohíben la oración judía allí por motivos religiosos.

¿Qué planean los nacionalistas israelíes?

Figuras como Moshe Feiglin y el ministro Itamar Ben-Gvir desafían abiertamente el acuerdo. Feiglin habló de construir un nuevo Templo judío en el lugar, mientras Ben-Gvir ha liderado marchas con banderas israelíes y cantos religiosos dentro del recinto, violando el Statu Quo.

Informes como los de Middle East Eye sugieren que Israel y EE.UU. podrían declarar Al Aqsa un «centro multiconfesional», permitiendo oraciones judías a gran escala y asumiendo su gestión. Aunque el gobierno israelí niega cambios, el embajador estadounidense Mike Huckabee ha destacado los vínculos judíos con Jerusalén.

En la práctica, esto significa un cambio radical en el equilibrio de poder religioso y político en la región. Lo clave aquí es que cualquier modificación formal podría desencadenar nuevas tensiones violentas, como ocurrió en 2000 con la visita de Ariel Sharon, considerada una chispa de la segunda intifada.

Reacciones y advertencias

Mustafa Abu Sway, subdirector del Waqf, advierte: «No dejar en paz Al Aqsa es abrir la caja de Pandora». Jordania, países del Golfo, Egipto y Reino Unido han expresado alarma por la erosión de la autoridad islámica en el lugar.

  • El Statu Quo prohíbe oraciones no musulmanas en Al Aqsa.
  • Nacionalistas israelíes buscan control judío sobre el recinto.
  • Cualquier cambio podría desestabilizar la región.
  • La comunidad internacional rechaza alterar el acuerdo.

La clave: El futuro de Al Aqsa no es solo un debate religioso, sino un punto de ignición geopolítico con consecuencias globales.

Moshe Feiglin rezando en el recinto de Al Aqsa con un grupo de fieles judíos
Getty Images:

Dr. Mustafa Abu Sway, subdirector del Consejo del Waqf, en la Ciudad Vieja de Jerusalén

Marcha del Día de Jerusalén liderada por Itamar Ben-Gvir con banderas israelíes
Getty Images:

Itamar Ben-Gvir desplegando una bandera israelí en el recinto de Al Aqsa
Reuters: El ministro israelí Itamar Ben-Gvir permitió la oración y el canto judíos en partes del recinto.

¿Qué implica un cambio en el Statu Quo para la estabilidad regional?

En la práctica, lo que está en juego es el frágil equilibrio que ha evitado conflictos abiertos en Jerusalén durante décadas. El Statu Quo no es solo un acuerdo religioso, sino un mecanismo de contención geopolítica.

Lo clave aquí es que la presión de nacionalistas israelíes para modificar las normas actualiza un patrón histórico: cualquier alteración en el control o simbolismo de Al Aqsa ha desencadenado violencia. La visita de Ariel Sharon en 2000, mencionada en el artículo, es el precedente más claro.

  • El Statu Quo actúa como barrera contra la escalada de tensiones interreligiosas.
  • La propuesta de un «centro multiconfesional» implicaría un cambio de soberanía de facto sobre el recinto.
  • La reacción internacional (Jordania, Golfo, Egipto, Reino Unido) refleja el riesgo de desestabilización global.

¿Qué sigue ahora?

La pregunta práctica no es si habrá resistencia, sino cómo se gestionará. La advertencia del Waqf —«abrir la caja de Pandora»— sugiere que el costo de alterar el acuerdo supera cualquier beneficio simbólico o político. El futuro de Al Aqsa dependerá de si Israel prioriza el control religioso o la estabilidad estratégica.

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