Jenny Moule actuando en el teatro independiente porteño

De Inglaterra a Buenos Aires: el arte que la eligió

Lo esencial: Jenny Moule, actriz británica, encontró en Buenos Aires el escenario perfecto para su arte. Una frase casual la llevó a dejar atrás su pueblo natal y a conquistar el teatro porteño, donde el cuerpo y el movimiento se convirtieron en su lenguaje universal.

¿Por qué Buenos Aires la conquistó?

Dicen que los idiomas se aprenden en la gramática y se conquistan en las fiestas. Jenny lo sabe mejor que nadie. Aquella noche, a la una de la madrugada, en medio de una reunión que mezclaba danza, teatro y mucho mate, una amiga comenzó a hablarle en español rápido, porteño, lleno de lunfardo. Después de seis meses de gestos y silencios creativos, la actriz británica comprendió cada sílaba. «Te estoy escuchando, te entiendo», le dijo a su amiga. Ese momento fue la confirmación de que Buenos Aires la había elegido tanto como ella a la ciudad.

De Buenos Aires le gusta la posibilidad de generar tantas obras como las que ve en el teatro independienteGentileza Jenny

De un pueblito inglés a la escena porteña

Jennifer Moule nació en Pemberley, en el sudeste de Inglaterra, pero se crio en un pueblito diminuto con un pub, una iglesia, un cementerio y muchas vacas. Desde niña, el arte fue su territorio: se disfrazaba, soñaba con ser Whitney Houston y entendió que la escena era el único lugar donde podía ser todas las versiones de sí misma. Estudió letras con especialización en teatro, pero algo en ella pedía más. La señal llegó desde Buenos Aires: un email de una amiga con cuatro palabras: «Vos tenés que venir, esta ciudad es muy vos».

En 2007, con 21 años y un español básico, compró el pasaje. Llegó con un «estupendo» y un «¿qué tal?» que no servían en una ciudad donde la gente pregunta «cómo andás». El primer desafío fue entender el ritmo porteño, el lunfardo, la música de un idioma que en teoría conocía pero que en la práctica se le escapaba. Caminaba sola por calles desconocidas, navegaba conversaciones con gestos y sonrisas. Hubo miedo, el de una mujer joven en una ciudad nueva, pero el miedo se fue domesticando.

Descubrió el universo del teatro físico, “el clown, la danza contemporánea, el contacto y la improvisación, enumera JennyGentileza Jenny

Lo que encontró del otro lado de esa incomodidad fue el teatro físico: clown, danza contemporánea, contacto, improvisación. El cuerpo tomó la palabra cuando las palabras fallaban. En el Centro Cultural Rojas, los talleres la conectaron con una red que convirtió a Buenos Aires en su hogar. Ese primer capítulo duró un año y medio, pero la ciudad ya no la soltó. Vivió en España, México, Francia y Liverpool, pero siempre extrañó «esta locura de todos los proyectos, los teatritos, las salitas».

En 2016 regresó para quedarse. «Si fuera surfeadora, necesitaría el río o la montaña. Necesito el teatro. Y acá la escena es insuperable», explica. La ciudad la recibió con una generosidad que la sorprende: «la gente improvisa, crea, estrena con una fluidez que en Inglaterra solo existe durante el festival de Edimburgo. Acá es el estado natural de las cosas». En esa rueda de vínculos y proyectos cruzados, construyó una red que hoy es el elenco de su primer largometraje.

En esa rueda de vínculos, de ensayos compartidos y proyectos cruzados, Jenny construyó una red que hoy, diez años después, es el elenco de su primer largometrajeGentileza Jenny

El teatro en un segundo idioma: ¿desafío o oportunidad?

Actuar en español, su segundo idioma, es para Jenny «más estresante que cualquier cosa». En obras con mucho texto, como «Secretos de un vínculo», la tensión es concreta: «en inglés tenés la textura de la palabra, los matices. Acá sentís que estás más expuesta». Pero esa incomodidad la empujó hacia lo que más le gusta: las escenas de movimiento, los momentos donde el teatro prescinde de la gramática. «Me gusta cada vez más trabajar sin tanto texto. Un canvas en blanco, la improvisación, la performance pura».

Esa obra, basada en un libro de no ficción de la escritora y doctora Adriana Grande, fue su primera experiencia adaptando un texto al escenario. Junto a un elenco de actrices, construyeron algo parecido a una familia. «Varias veces lloré en los ensayos por las cosas que salían», reconoce. La obra alterna humor con ternura y culmina en imágenes visuales poderosas, como una madre con un bustier de pinches que simboliza la sobreprotección.

Jenny repite cada vez que puede: «el teatro independiente porteño tiene una particularidad que lo distingue de cualquier otro circuito. En el teatro siempre aprendés algo, siempre crecés».

Maternidad: el arte y la crianza como un mismo lenguaje

La maternidad llegó para confirmar lo que Jenny sospechaba: el arte y la crianza hablan el mismo idioma. «Con un hijo entendés que la obra, aunque sea importantísima para vos, ocupa su lugar real en el mundo. Eso alivia», explica. Rubén, su hijo, le devolvió la capacidad de ver el mundo como si fuera la primera vez. «Los niños son mini clowns. Ven un charco, hojas en la calle, y todo es un acontecimiento. Los adultos somos zombis cansados de todo».

La maternidad llegó para confirmar lo que Jenny sospechaba: el arte y la crianza hablan el mismo idioma. “Con un hijo entendés que la obra, aunque sea importantísima para vos, ocupa su lugar real en el mundo. Eso alivia”, explica JennyGentileza Jenny

Esa mirada reencantada se trasladó a su práctica escénica. En una instalación para bebés donde maneja un títere durante 45 minutos, encontró una de las formas más puras de presencia. «El teatro te obliga a estar. Si tu cabeza se va, olvidás la letra, perdés el hilo», reconoce. Su vida es un calendario intenso: en un fin de semana hizo seis funciones en cuatro obras distintas, incluyendo una performance, dos obras de teatro, una instalación para bebés y una pieza de danza. «Soy muy de decir sí a todo», admite.

La negociación del tiempo es su tensión cotidiana: dos artistas, un hijo, una abuela y una hermana que ayudan, un calendario que nunca termina de cuadrarse. Pero la música también ocupa un lugar especial. Durante un tiempo cantó en clubes de jazz, y ahora su proyecto más ambicioso es «Mamita», su primer largometraje, una película autogestionada con amigos, construida sobre la convicción de que lo más importante en un rodaje es el actor. «Yo les digo más o menos lo que quiero que pase, pero usá tus palabras. Ahí sale la magia».

La clave: Buenos Aires le dio el escenario, el idioma y la red para ser todas las versiones de sí misma, en el arte y en la vida.

¿Por qué Buenos Aires es el escenario ideal para artistas como Jenny?

Lo clave aquí es que la ciudad no solo ofrece un espacio físico, sino un ecosistema creativo donde el arte fluye de manera orgánica. Jenny lo experimentó: el teatro porteño no es un lujo ocasional, sino una práctica cotidiana, accesible y colaborativa.

En la práctica, esto significa que el desafío del idioma se convierte en una oportunidad para explorar nuevas formas de expresión. El cuerpo, el movimiento y la improvisación toman el lugar de las palabras cuando estas fallan, y eso enriquece el proceso artístico.

  • El teatro independiente porteño fomenta la experimentación constante, algo que en otros contextos solo ocurre en eventos puntuales.
  • La red de vínculos y proyectos cruzados permite construir obras de manera colectiva y autogestionada.
  • La ciudad acepta y celebra la incomodidad inicial como parte del crecimiento artístico.

¿Qué puedes aprender de su experiencia?

Si el arte es tu lenguaje, Buenos Aires no solo te recibe, sino que te transforma. La lección de Jenny es clara: el escenario perfecto no es aquel donde todo es fácil, sino donde el desafío te obliga a reinventarte.

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