Nacho, el Messi de la equitación adaptada, es un joven que ha superado sus limitaciones y se ha convertido en un referente en el deporte ecuestre adaptado. Con una discapacidad intelectual que le genera dificultades en el aprendizaje y la vida cotidiana, Nacho ha encontrado en los caballos una pasión que lo ha ayudado a ser más autónomo y a ganar varias medallas de oro.
«Nacho, para mí, es el ´Messi´ de la equitación adaptada. Y lo digo por todo lo que él representa dentro del deporte. Por un lado, por sus cualidades: la disciplina, el compromiso, la forma en la que entrena y cómo atraviesa cada instancia dentro de la equitación. Todo eso ya lo posiciona como un jinete que se destaca. Pero además hay algo que va más allá de lo técnico. En un deporte donde la postura, la presencia y la elegancia son tan importantes, Nacho tiene algo muy natural que llama la atención. Cuando entra a pista, con su vestimenta de competencia, genera una atracción inmediata. Es un jinete muy elegante, y arriba del caballo transmite algo que hace que todos quieran mirarlo. Y cuando esa presencia se combina con una buena aplicación técnica, el resultado es que siempre se destaque en cada participación» dice Fernanda, la profesora que pasa horas en los entrenamientos de Nacho.

Ignacio Gómez Pereyra, Nacho, nació con una discapacidad intelectual que le genera dificultades en el aprendizaje, la comprensión lectora, la resolución de problemas, la toma de decisiones y las actividades cotidianas.
Aun así, realiza todas las tareas escolares adaptadas a su condición, ya que asiste a un colegio recuperador que le brinda el apoyo necesario.
«Poco a poco voy logrando autonomía para viajar en medios de transporte y salir con mis amigos. Elijo mi propia ropa, manejo celular, computadora y de a poco manejo el dinero».
La equinoterapia, un punto de inflexión
Nacho comenzó con equinoterapia en 2017, cuando tenía 10 años. En esa primera etapa montaba un pony llamado Gonzalo, y la profesora Vanina lo guiaba en ejercicios de relajación sobre el lomo del caballo, para luego enseñarle a manejar las riendas y controlarlo.
«Me gustaba salir del colegio los viernes y saber que por la tarde iba a estar con el pony. Me ayudó a prestar atención, a manejar mi ansiedad y, sobre todo, a usar el baño de manera normal, sin asistencia, algo que antes era un inconveniente importante en mi vida cotidiana».

Volver al primer amor
Sin embargo, en 2022, con 14 años, Nacho llegó al Club Hipocampo listo para reconectar con su pasión por los caballos. Lo que más disfrutaba era volver a montar, aprender cada día un poco más y simplemente estar cerca de esos animales que tanto admira.
Su vínculo con los profes es puro cariño y respeto: siempre buena onda con Fernanda, a quien quiere profundamente, y atención cálida de todos, como el profe Matías. Con los caballos formó lazos inolvidables (empezó con el tranquilo Overo y luego enfrentó el desafío de Ciruela, de carácter fuerte, con quien hicieron un gran equipo hasta lograr saltos juntos).

La primera medalla de oro
A partir de ahí, Nacho dio sus primeros pasos en el entrenamiento deportivo de verdad, integrándose en tandas grupales donde compartía la pista y las consignas con otros jinetes de la escuela.
Poco a poco, ganó terreno en sus habilidades técnicas como jinete, mientras el acompañamiento terapéutico se integraba de forma natural al servicio de su crecimiento deportivo.
Por esa razón la profesora le propuso ser parte de El programa de Olimpiadas Especiales Argentina, una propuesta que tiene como eje el deporte y que genera espacios de encuentro entre deportistas de una misma disciplina.

Nacho no podía contener su alegría al ganar dos medallas de oro en Adiestramiento y Equitación Inglesa en las Olimpiadas Nacionales de San Luis, en octubre de 2023.
«Me sentí tan feliz y orgulloso de llevarle esas medallas al Club Hipocampo. Mi familia me acompañó en el viaje, vivieron todo con una emoción y orgullo que me llenó el corazón. La profe Fernanda, emocionada, me gritó ‘¡La rompiste, Nacho!’, y todos los profes, los chicos de otras provincias y hasta las autoridades nos organizaron una merienda hermosa al volver. Fue mi primer gran sueño cumplido, y sé que hay muchos más por galopar juntos».

«Es el sueño hecho realidad que todos compartimos».
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