{«post_title»: «El taller familiar que hizo los primeros guantes de Amadeo Carrizo», «post_content»: «
GUANTES CON HISTORIA | En 1957, Amadeo Carrizo, el legendario arquero de River, se animó a usar guantes de arquero. Detrás de esa decisión audaz, hubo un taller familiar en Devoto y un artesano del cuero llamado Leopoldo Monastirsky.
\»En 1957 fuimos a jugar un partido con la Selección a Italia y el arquero de ellos, Giovanni Viola, usaba guantes. Le pregunté si le daban resultado y me contestó: «Buono, buono». Y me regaló un par. Me compré unos más y a la vuelta, contra Racing, los estrené. Acá nadie usaba y me daba un poco de vergüenza, entonces me los chanté en el elástico del pantalón para no deschavar. Recién antes de que el árbitro tocase el silbato, me los puse\», recordó Carrizo.
Carrizo conocía a Monastirsky y le pidió que le hiciera unos guantes iguales. Monastirsky aceptó el desafío sin imaginar que ese encargo sería el comienzo de algo mucho más grande. \»Eran guantes finos de vestir, de cuero muy delgado, de cabretilla, con goma de paletas de ping pong en la palma y también en la zona de los nudillos, para poder despejar los centros. Eso fue a comienzos de los años 60. Mi papá aceptó enseguida porque era artesano: para él todo lo nuevo era un desafío\», cuenta Jorge Monastirsky, hijo de Leopoldo.
La familia Monastirsky quedó ligada al mundo del deporte. Jorge reconstruye el recorrido de la empresa familiar desde que nació en un taller de Devoto hasta que obtuvo la licencia de Reusch, el viaje a Alemania en el que hicieron una insólita apuesta, las mil crisis económicas que atravesaron y la fábrica que todavía hoy produce guantes en la Argentina.

\» alt=\»Imagen de archivo de la familia Monastirsky trabajando en su taller de Devoto\»/>
El pedido también llegó en un momento de cambio porque el negocio de los guantes finos empezaba a caer y el fútbol abría una oportunidad inesperada. \»Antes, las mujeres tenían un par de guantes para combinar con cada cartera o con cada par de zapatos; esa costumbre se fue perdiendo. Entonces, los guantes de arquero se convirtieron también en una posibilidad de reinventarse\», explica Jorge.
Los inicios del taller de Monastirsky
-Antes del pedido de Carrizo, ¿cómo era el taller de su padre?
-Mi padre tenía un taller chico, artesanal, en sociedad con mi tío, donde fabricaban guantes finos y también algunas prendas de cuero. Yo crecí viendo ese oficio. Era un trabajo muy artesanal, hecho a mano. Mi papá nació en Entre Ríos, en una colonia judía de inmigrantes ucranianos y rusos, y después se vino a Buenos Aires.

\» alt=\»Fotografía del taller de guantes de la familia Monastirsky en Devoto\»/>
-¿Por qué empezaron a ser necesarios los guantes para los arqueros?
-Porque las pelotas comenzaron a hacerse impermeables, para que no absorbieran agua. Antes, en un día de lluvia, una pelota podía llegar a pesar un kilo y medio. Cuando se hicieron impermeables, dejaron de absorber el agua, pero se volvieron más patinosas. Ahí empezó toda la historia de buscar materiales que ayudaran al arquero a sujetar mejor la pelota.
-Después de ese primer pedido, ¿Carrizo siguió vinculado a su padre?
-Sí, tenían una relación de amistad, del barrio y del fútbol. Mi padre siguió fabricando guantes de arquero durante casi dos décadas, aunque los vendía a través de mayoristas, en Once, Rosario, Córdoba y otros lugares. Con Amadeo hubo una relación muy buena. Después él fue contratado por Adidas y sus guantes comenzaron a fabricarse en otro taller, ya con esa marca. Pero para nosotros quedó siempre como una figura muy importante, porque estuvo en el origen de esta historia.
El salto a la producción de guantes de arquero
-¿Su padre lo impulsó a continuar con el oficio?
-A los 14 años, todo lo que sobraba del taller, los retazos, me lo llevaba a mi casa, en Devoto. En un cuartito de esos donde se guardan los cachivaches, empecé a hacer lo que después se llamó patchwork: combinaba pedazos de cuero de distintos colores, los cosía y armaba carteras y después terminé haciendo ropa. Pero mi padre no me empujó a trabajar en el taller, yo fui emprendedor desde chico, aunque con una visión un poco más comercial.
-¿Cuándo decidió involucrarse en el negocio de los guantes?
-A comienzos de los 80. Mi padre estaba enfermo y muy deprimido por la situación económica. Lo acompañé a visitar a un mayorista en Rosario y el hombre le dijo: «Si me querés dejar los guantes, dejalos, pero no sé cuándo te los voy a pagar». Para mí fue un golpe muy fuerte ver a mi papá así. Entonces le dije: «Pará, tranquilo. Si yo algo sé hacer es vender». Nos llevamos los guantes, fuimos a tomar un café, preguntamos dónde había casas de deportes y salimos con las muestras. Hicimos Rosario, Santa Fe, Pergamino, Chivilcoy y varios pueblos. Cuando volvimos a Buenos Aires, no nos quedaba un solo par de guantes y teníamos un montón de dinero en efectivo. Ahí pensé: «Esto es un negocio».

\» alt=\»Jorge Monastirsky muestra un par de guantes de arquero de la marca Reusch\»/>
-¿Qué fue lo primero que quiso cambiar?
-Primero había que hacer un buen producto, acorde con lo que estaba evolucionando en el mundo. El problema era que los guantes profesionales se fabricaban con un material alemán que acá no llegaba. Las pocas marcas internacionales que hacían guantes de arquero mandaban a producir ese material especialmente y nosotros no teníamos dónde comprarlo. Investigué todo lo que pude: hablé con ingenieros, con empresas que trabajaban caucho, probamos distintas alternativas, pero no conseguíamos la fórmula.
-Entiendo que encontraste una solución ingenio, muy argentina.
-Claro. El primer guante que hicimos con una pretensión verdaderamente profesional fue en 1984. En ese momento me pidieron, desde Topper, que fabricara unos guantes para el arquero de Independiente que iba a disputar la Copa Intercontinental en Tokio. Las tazas de los corpiños se hacían con látex, entonces conseguí ese material y lo usé como relleno para los guantes. Si bien el látex era perfecto para el grip (el agarre), los guantes se rompían. No duraban más de tres atajadas, así que había que usar tres o cuatro pares por partido.
-¿Cómo logró convencer a su padre de que cambiara de idea?
-Le dije que venía una etapa de mucho trabajo y sacrificio. Que no iba a ser fácil y que necesitábamos tener una empresa totalmente en regla, porque con los alemanes no podía haber nada informal. Y lo aceptó. Armamos una sociedad y la primera empresa que tuvo la licencia de Reusch durante diez años se llamó JAM Sport Sociedad Anónima.
El viaje a Alemania: un giro clave en la historia de Reusch
-¿Qué pasó después?
-En 1986, durante el Mundial de México, se me ocurrió ir a la Cámara de Comercio Argentino Alemana para que me conectaran con Reusch. Gebhard Reusch me dijo que podía venderme el material, pero que si yo ya tenía una fábrica de guantes debía evaluar una licencia de fabricación. Me ofreció tres opciones: venir él a la Argentina, encontrarnos durante el Mundial en México o que yo viajara a su fábrica.

\» alt=\»Jorge Monastirsky en la fábrica de Reusch en Alemania\»/>
-¿Y cómo logró negociar una licencia sin hablar el idioma?
-Me senté frente a Gebhard Reusch y nos empezamos a reír. Le pedí un papel. Como había estudiado diseño y dibujaba bastante bien, le dibujé una máquina de coser y le puse «x 4». Después dibujé un guante y le puse «x 100»: eran los guantes que hacíamos por día con cuatro máquinas. Así, con señ
Cómo fabricar guantes de arquero de alta calidad
La historia de los guantes de arquero Monastirsky comenzó con un encargo de Amadeo Carrizo, quien quería unos guantes similares a los que había usado en Europa. El artesano del cuero Leopoldo Monastirsky aceptó el desafío y creó los primeros guantes de arquero con látex de corpiños. Estos guantes tenían una palma y una zona de nudillos con goma de paletas de ping pong para mejorar el agarre.
Con el tiempo, la empresa familiar Monastirsky se convirtió en un referente en la fabricación de guantes de arquero. Para crear guantes de alta calidad, se requiere un material que proporcione un buen agarre y durabilidad. En la década de 1980, Jorge Monastirsky, hijo de Leopoldo, investigó y encontró una solución innovadora utilizando látex de corpiños para rellenar los guantes.
Algunos pasos clave para fabricar guantes de arquero de alta calidad son:
- Selección de materiales de alta calidad, como cuero o látex.
- Diseño y patrón adecuados para un ajuste cómodo y seguro.
- Confección artesanal o industrial con atención al detalle.
- Pruebas y ajustes para asegurarse de que los guantes sean funcionales y cómodos.
El futuro de los guantes de arquero
Hoy en día, la empresa Reusch Argentina, liderada por Jorge Monastirsky, sigue innovando en la fabricación de guantes de arquero de alta calidad. La marca cuenta con una amplia gama de modelos y ha logrado establecerse como una de las principales opciones para arqueros profesionales. La relación con los arqueros sigue siendo fundamental para la empresa, que trabaja en estrecha colaboración con ellos para desarrollar guantes que se adapten a sus necesidades y preferencias.
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