INVENCIÓN ACCIDENTAL | En 1826, el farmacéutico inglés John Walker descubrió por casualidad los fósforos mientras experimentaba con sustancias químicas para fabricar explosivos.
Walker, nacido en 1781 en Stockton-on-Tees, estaba mezclando compuestos cuando un palo impregnado con la mezcla golpeó una piedra y se incendió espontáneamente.
La ciudad de Walker era un centro industrial en crecimiento, con la máquina de vapor de James Watt y el primer ferrocarril público con locomotoras de vapor.
Sin embargo, la gente seguía luchando para encender fuegos con pedernal y acero.
Walker era cirujano de formación, pero se volvió farmacéutico. Experimentaba con compuestos químicos y fabricaba medicamentos para humanos y animales.
Luces «de fricción»
Walker creó «cerillas de fricción» que se encendían al rozarlas con papel de lija. Las primeras ventas fueron en abril de 1827.
Su invento era asequible y mantuvo la fórmula en secreto, pero nunca la patentó.
Sin embargo, su producto tenía defectos. En 1829, Samuel Jones lanzó las «Lucifers», una copia exacta de las cerillas de Walker.
Otros mejoraron la fórmula y en 1844, una versión sueca popularizó la caja de cerillas moderna.
La invención de Walker revolucionó la producción y portabilidad del fuego.
Una invención que cambio la historia.
Cómo funcionaban las primeras cerillas de fricción
Las cerillas de fricción creadas por John Walker en 1826 estaban compuestas por varillas de madera muy finas y planas con un extremo sumergido en una pasta que contenía clorato de potasio, sulfuro de antimonio, goma arábiga y agua. Para encenderlas, simplemente se rozaba la cerilla con un trozo de papel de lija doblado, lo que hacía que estallara en una llama. Esta composición química permitía que la cerilla se encendiera de manera espontánea al entrar en contacto con una superficie rugosa.
La elección de estos componentes químicos no fue casual. El clorato de potasio actuaba como oxidante, el sulfuro de antimonio como combustible y la goma arábiga como aglutinante. La combinación de estos elementos en la pasta de fricción hizo que las cerillas fueran lo suficientemente seguras para su uso cotidiano y lo bastante eficaces para generar una llama.
- Clorato de potasio: actuaba como oxidante, permitiendo la reacción química que generaba la llama.
- Sulfuro de antimonio: era el combustible que se quemaba para producir la llama.
- Goma arábiga: funcionaba como aglutinante, manteniendo unidos los componentes de la pasta de fricción.
El legado de Walker en la historia de la ignición
El invento de Walker no solo revolucionó la forma en que las personas encendían fuegos, sino que también sentó las bases para el desarrollo de futuras tecnologías de ignición. Aunque nunca patentó su fórmula, su contribución a la historia de la humanidad es innegable. Las cerillas de fricción de Walker abrieron el camino para la creación de encendedores y sistemas de ignición más avanzados que se utilizan en diversas industrias hoy en día.
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