Rara vez una firma tecnológica le recomienda a los Estados cómo redistribuir la riqueza o rediseñar la semana laboral. Sin embargo, OpenAI, creadora de ChatGPT, publicó esta semana el informe Industrial Policy for the Intelligence Age: Ideas to Keep People First, donde expone una hoja de ruta de políticas públicas para enfrentar los impactos económicos y sociales de la inteligencia artificial.
El documento no propone regulaciones sobre modelos de IA ni promesas de seguridad. La compañía se adentra en temas de redistribución del ingreso, reforma tributaria, protección social y mercado laboral, algo sorprendente viniendo de una empresa valuada en cientos de miles de millones de dólares.
Chris Lehane, vicepresidente de asuntos globales de OpenAI, declaró: «No basta con decir, con gestos de la mano: ‘Esto es todo lo que va a pasar’, sin proponer soluciones». Agregó que los debates políticos sobre IA deben ser tan transformadores como la propia tecnología.
¿Qué es el fondo público de riqueza que propone OpenAI?
La iniciativa más llamativa es la creación de un fondo público de riqueza financiado parcialmente por las propias compañías de inteligencia artificial.
El objetivo es otorgar a los ciudadanos una participación directa en el crecimiento económico impulsado por la IA. El fondo distribuiría dinero en efectivo e invertiría en activos diversificados a largo plazo, incluidas acciones de firmas de IA y de negocios que adopten la tecnología.
La lógica: si la IA generará riqueza masiva para quienes la desarrollan, quienes no posean esos activos deberían recibir parte de esas ganancias como mecanismo de compensación por posibles desplazamientos laborales.
La semana de cuatro días como «dividendo de eficiencia»
Además del fondo, OpenAI sugiere que gobiernos y sindicatos exploren la jornada laboral de cuatro días siempre que la productividad no disminuya. La empresa lo denomina «dividendo de eficiencia»: devolver tiempo a las personas cuando la IA les permite producir igual en menos horas.
OpenAI no impone el modelo a todas las empresas; propone incentivos para que empleadores y trabajadores lo experimenten como forma de repartir los beneficios de la automatización.
Monitoreo activo del impacto laboral
Otro eje central es crear un sistema de monitoreo activo sobre el impacto de la IA en salarios y empleo. Se establecerían umbrales predefinidos: si el desempleo o la caída salarial vinculados a la IA superan ciertos niveles, se activarían automáticamente medidas de protección social.
Estas incluirían seguros salariales, subsidios por desocupación ampliados y programas de recualificación. Cuando los indicadores mejoren, las ayudas se reducirían de forma gradual.
Reforma tributaria y acceso universal
OpenAI plantea modificar la estructura impositiva para una economía automatizada, reduciendo la dependencia de impuestos sobre nóminas y aumentando los gravámenes a ganancias de capital y rentas corporativas. El fin es mantener el financiamiento de programas como el Seguro Social, Medicaid y SNAP.
Asimismo, defiende un «derecho a la IA»: el acceso a esta tecnología debe ser tan esencial como la electricidad o el internet. Propone que sea asequible para trabajadores independientes, pequeñas empresas, escuelas, bibliotecas y comunidades vulnerables.
Incluso reconoce escenarios extremos donde sistemas de IA autónomos y autorreplicantes podrían escapar al control humano. Sugiere planes de contención coordinados con los gobiernos.
De ONG a gigante con agenda política
OpenAI nació en 2015 como una organización sin fines de lucro dedicada a desarrollar IA en beneficio de la humanidad. Hoy es una empresa con fines de lucro cuyo producto estrella, ChatGPT, supera los 900 millones de usuarios semanales.
Ese crecimiento genera una paradoja: la misma firma que popularizó la IA generativa es fuente de ansiedad sobre el futuro del trabajo en EE. UU., donde persisten temores al desplazamiento laboral y al alto consumo energético de los centros de datos.
El documento asume que la superinteligencia —sistemas de IA más capaces que los humanos más brillantes incluso asistidos por IA— es una posibilidad cercana. Sus propuestas buscan anticipar ese escenario.
OpenAI aclara que sus ideas no son prescripciones fijas, sino un punto de partida para conversaciones a la altura de reformas históricas como la Era Progresista o el New Deal.
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