A lo largo de la costa chilena nace una iniciativa pionera que une plantas autóctonas con especies foráneas seleccionadas para construir un entorno vegetal capaz de resistir cambios extremos.
Este ensayo, único en su tipo, busca generar un sistema verde resiliente ante sequías, salinidad y vientos costeros que cada vez se vuelven más intensos por el cambio climático.
Los investigadores combinan árboles nativos como el litre, el boldo o el quillay con arbustos provenientes de regiones mediterráneas del planeta que ya mostraron éxito en ambientes parecidos.
El objetivo no es solo embellecer el paisaje costero, sino crear un manto vegetal funcional que proteja el suelo, retenga agua y sirva de refugio para fauna local, todo con mínimo riego y mantenimiento.
Primeros resultados indican que la mezcla reduce la erosión en un 40 % y aumenta la biodiversidad de insectos polinizadores, mostrando que la convivencia entre nativas y exóticas puede ser sinérgica si se planifica con criterio.
El proyecto, liderado por la Universidad de Chile con apoyo internacional, prevé extender la experiencia a otros tramos del litoral donde la desertificación avanza y las plantaciones tradicionales fracasan.
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