Teherán denunció un ataque contra dos de sus instalaciones nucleares y juró tomar venganza contra Washington y Tel Aviv.
La agencia Fars, vinculada a la Guardia Revolucionaria, informó que la planta de concentrado de uranio en Ardakan, provincia de Yazd, y el Complejo de Agua Pesada Shahid Khondab en Arak, materia prima clave para moderar reactores, fueron blanco de una ofensiva militar.
La Organización de Energía Atómica iraní confirmó que no hubo heridos ni fugas radiactivas que comprometan la seguridad de los civiles.
Minutos después, el ejército israelí escribió en X: “Atacamos para impedir que Irán fabrique misiles y minas marinas”.
El texto añade: “Las FDI no permitirán que el régimen iraní avance en su programa nuclear, una amenaza existencial para Israel y el mundo”.
La respuesta no se hizo esperar. Seyed Majid Moosavi, jefe de la Fuerza Aeroespacial de la IRGC, advirtió en la misma red que se golpearía intereses estadounidenses e israelíes en la zona y pidió a sus trabajadores evacuar la región.
“Nos provocaron una vez; volverán a ver fuego. Esta vez la cuenta no será ojo por ojo. ¡Espérenlo!”, escribió.
Desde hace casi un mes Irán sufre bombardeos recurrentes que han dejado más de 1,200 muertos, entre ellos el ayatolá Alí Jamenei, el presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Alí Larijani, y el comandante Basiy, Gholam Reza Soleimani.
Con todo, Teherán rechazó la propuesta de cese al fuego que EE.UU. condicionó a una rendición.
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