Un gato grave enfermo que los vets querían dormir sobrevivió por un presentimiento

Ese trayecto era parte de la adaptación al nuevo barrio al que se mudaron en mayo de 2024. Juan Pizzaferri y su mujer, recién llegados a Barranquilla, Colombia, empezaban a frecuentar un supermercado a diez cuadras del departamento alquilado. Vieron a un gato blanco mendigando comida en la entrada cuando el local estaba por cerrar.

Los empleados y el cuidacoches ya lo conocían: le decían «el gato coleto», término local para los felinos callejeros. Juan notó su torso blanco y, tras entrar a comprar, dejó un sobre de alimento sobre un cartón. El animal intentaba masticar, pero la mayoría del alimento se le caía de la boca.

En ese momento apareció Don Armando, un hombre de unos cincuenta años, canoso y delgado, que parecía saber de él. Con paciencia aplastó la comida hasta convertirla en pasta. Desde ese día Juan lo buscó cada vez que volvía al negocio.

Una baba espesa con sangre

La víspera de la final de la Copa América 2024 Juan lo vio otra vez. Ahora de su boca colgaba una baba espesa, tipo clara de huevo, mezclada con sangre. Compró comida, la aplastó y se fue, pero no pudo dejar de pensar en él. Regresó horas después: el gato había desaparecido.

Le pidió a Don Armando y a un guardia que le avisaran si lo veían. «A pesar de su estado, yo veía la belleza de ese animal que luchaba por sobrevivir. Me sentí reflejado en su batalla». Lo bautizó Orión, «un guerrero con nombre de estrella».

15 días después llegó el mensaje

Un sábado, cerca de las diez de la mañana, un guardia le envió un video: Orión estaba en un cajón de madera de frutas. Juan fue corriendo, lo subió al auto y lo llevó a la veterinaria.

El diagnóstico fue demoledor: Virus de Inmunodeficiencia Felina (ViF) y gingivoestomatitis crónica severa con tumores y llagas que le impedían comer. Siete veterinarios coincidieron: lo más humano era dormirlo.

«No lo deje en la calle: puede contagiar a otros y sufrirá una muerte horrible», le advirtieron. Juan, sin embargo, se negó. Le ofrecía desde comida húmeda hasta pollo desmenuzado; celebraba si lograba comer la mitad del plato.

Una semana de despedida

Después de llorar y besarlo, Juan le dijo a su esposa: «Déjalo una semana más para que compartamos tiempo juntos, que sienta que fue amado».

Apareció la cirujana

En medio de la resignación surgió una médico especializada en cirugías de masas tumorales bucales. Explicó los riesgos por el SIDA felino y el sistema inmune deprimido. El valor: 800 dólares. Había un turno ese mismo día. «No pensamos en deudas ni tarjetas, sino en alimentar esa llama de esperanza«.

Diez dientes menos y un milagro

La intervención fue cruenta: le extrajeron diez dientes y cauterizaron tumores con láser. Al despertar, un video conmovió a todos: Orión comía con ansias por primera vez.

Hoy, casi dos años después, duerme en la cama de sus humanos. «Cuando me mira siento que me dice: ¿viste? Al final valió la pena. Porque cuando rescatas a un animal tan enfermo, terminas rescatándote a ti mismo«.

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