Revivir el pasado: cómo la nostalgia se volvió el oro del entretenimiento

¿Qué precio tiene evocar? La industria del ocio lleva lustros tratando de cuantificar esa cifra y el resultado sigue deslumbrando. Los discos de vinilo, considerados obsoletos en la década de los 90, ya ganan más dinero que los CDs en Estados Unidos desde hace dos ejercicios consecutivos.

Top Gun: Maverick, estrenada con 36 años de diferencia respecto al filme original, facturó más de 1.400 millones de dólares. El mercado global de ropa de segunda mano se estima en 77.000 millones. El anhelo por lo pasado no es un nicho: es una de las tácticas comerciales más lucrativas del ocio mundial.

Emoción que vende

«La nostalgia, entendida como deseo de tiempos anteriores, guía al consumidor a distintas etapas de su existencia, generando un lazo afectivo más sólido con marcas o productos que le devuelven recuerdos placenteros», afirma Manuel Ostos, socio líder de Consumo para Deloitte América Latina.

Lo que impulsa este fenómeno, según Ostos, trasciende el artículo en sí. Al traer a colación el pasado, las firmas permiten que la gente reafirme su identidad y recuerde quién es y de dónde procede. Esa construcción de identidad se vincula al sentido de pertenencia, y la fidelidad que surge termina traduciéndose en ventas recurrentes.

Moda y música que resucitan

La moda lo comprendió hace lustros. Prima sacó en 2020 una línea de prendas vintage recogidas en tiendas de todo el planeta, y Valentino inició un proyecto circular para reutilizar sus piezas icónicas.

La música siguió la misma senda: ABBA regresó tras cuatro décadas de silencio y su disco Voyage fue uno de los más vendidos de 2021. Taylor Swift reeditó su catálogo anterior y recaudó más que con material inédito.

Hollywood, por su parte, lleva años desenterrando sus archivos en busca del próximo remake que active la memoria afectiva del público de 35 a 55 años, un segmento con poder de compra dispuesto a pagar por revivir lo que amó.

Pixelados millonarios

Los videojuegos tardaron más en subirse al carro, pero lo hicieron con contundencia. Títulos con estética pixelada, ese look de 16 bits que dominó las consolas de los 90, han vendido cifras que avergüenzan a superproducciones millonarias.

Stardew Valley, obra de una sola persona con gráficos deliberadamente retro, supera las 41 millones de unidades. Terraria pasa los 60 millones. En 2018, Nintendo relanzó la consola clásica que hizo triunfar hace treinta años (más pequeña y con juegos precargados) y agotó existencias en horas.

Sony y la apuesta retro

Este febrero, Sony se unió a la tendencia con una jugada inesperada: lanzó por sorpresa God of War: Sons of Sparta, una versión pixelada de una de sus franquicias más valiosas, con gráficos aposta anticuados, como los de una máquina de los 90.

El objetivo es doble: atrapar a los gamers adultos que crecieron con los primeros God of War de PS2 y PS3 y reducir costes frente a una entrega tradicional, que puede ascender a cientos de millones. La nostalgia, en ese sentido, también es un modelo más eficiente.

El resultado es, según la prensa especializada, correcto sin ser extraordinario. La historia muestra a un Kratos joven e introspectivo, aún capaz de dudar antes de convertirse en el dios de la guerra que todos conocen, lo que funciona mejor que el propio juego. Pero eso, en el fondo, resulta secundario.

«Al compartir rasgos de identidad similares, las personas suelen formar un sentido de comunidad a la que pertenecen y con la que comparten recuerdos de un momento concreto», apunta Ostos. Por eso, productos como Sons of Sparta no venden una experiencia novedosa, sino la memoria de lo conocido, lo familiar y lo antaño.

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