Por qué Noruega, Canadá y Rusia son los grandes beneficiados de la guerra en Irán y cuáles son los más perjudicados

Cómo Noruega, Canadá y Rusia se benefician del conflicto iraní y quiénes pagan los costos

Desde recibos de calefacción desorbitados en Yorkshire hasta escuelas cerradas en Pakistán para ahorrar energía, el estallido bélico en Oriente Medio ya golpea los bolsillos a nivel global.

La ofensiva iraní diseñada para desestabilizar economías amenaza con prolongarse y afecta de forma desigual: unos pocos emergen como ganadores, muchos más como perdedores.

Los ganadores

A pesar de la carrera por las renovables, el mundo sigue atado al petróleo y al gas. Las enormes reservas se traducen en ingresos millonarios cuando los precios se disparan.

Medio Oriente sigue siendo la arteria energética principal y el estrecho de Ormuz su válvula clave. Los bombardeos iraníes han paralizado a productores del Golfo como Qatar y Arabia Saudita, mientras clientes desesperados buscan suministros alternativos.

Noruega y Canadá aparecen como refugio seguro. Tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, Oslo aumentó su producción y se anotó ganancias millonarias; Ottawa promociona su crudo como «estable y confiable», aunque dudas sobre su capacidad real persisten.

Rusia, paradójicamente, podría ser la gran triunfadora. Washington ha relajado sanciones para calmar el mercado y las exportaciones rusas a la India ya crecieron un 50 %. Se calcula que Moscú podría embolsar 5 000 millones de dólares extra antes de abril, camino a su año más rentable desde 2022.

El carbón también se dispara: Indonesia, gran exportador, se beneficia con precios al alza.

Los perjudicados

Donald Trump asegura que EE. UU. «gana mucho» cuando el crudo encarece. Cierto: productores norteamericanos podrían sumar decenas de miles de millones en 2026 si el barril se mantiene alto.

Sin embargo, el saldo neto es negativo. ExxonMobil, por ejemplo, tiene activos clave en Ras Laffan, Qatar, hoy paralizados y bajo fuego iraní.

Además, tras años de recortes, los productores de esquisto no pueden aumentar bombeo a la velocidad que exige el mercado. Y, en consumo per cápita, ningún país quema tanto petróleo y gas como EE. UU.: cada alza se siente en calefacciones, gasolineras y vuelos internos.

Oxford Economics advierte: si el crudo trepa a 140 dólares y se mantiene, la economía estadounidense podría contraerse.

El riesgo es compartido: Europa y Reino Unido, dependientes del gas importado, ven amenazado su crecimiento. Las últimas semanas podrían añadir 0,5 puntos a la inflación anual a través de fertilizores y fletes marítimos.

Asia, que importa el 59 % de su petróleo desde Medio Oriente, sufre especialmente: Corea del Sur (70 % de dependencia) teme por su industria de chips, responsable de más de la mitad de la memoria mundial.

Sri Lanka, Bangladesh y Filipinas ya racionan combustible, recortan jornadas laborales o cierran colegios.

China y la India, gracias a reservas estratégicas y compras iraníes o rusas, mitigan por ahora el impacto.

El desenlace final depende de cómo evolucione el conflicto, pero cuanto más se alargue, mayor será el riesgo de contagio global.

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