La última vez que EE.UU. intentó (y consiguió) un cambio de régimen en Irán

Cuando Estados Unidos logró derrocar al gobierno democrático de Irán

Los iraníes recuerdan el 28 Mordad como la fecha que cambió el rumbo de su nación.

Ese 19 de agosto de 1953, un operativo conjunto entre la CIA y el MI6 derrocó al primer ministro Mohammad Mosaddegh, elegido democráticamente por el pueblo persa.

El golpe, respaldado por Washington y Londres, no solo reconfiguró el destino de Irán. También se convirtió en un episodio clave de la historia moderna de Medio Oriente: sembró el rechazo occidental en la política exterior iraní y transformó la geopolítica regional.

Simin Fadaee, profesora de sociología en la Universidad de Manchester y autora de Movimientos sociales en Irán, explica: «El golpe moldeó la política iraní contemporánea y dejó una herencia duradera de resentimiento hacia EE.UU. y Occidente».

Una operación en plena Guerra Fría

Los detalles del 19 de agosto de 1953 salieron a la luz en 2013, cuando la CIA reconoció públicamente su participación en el derrocamiento de Mosaddegh.

En documentos desclasificados publicados por el Departamento de Estado, se reveló que la operación fue bautizada como Operación Ajax por la CIA y Operación Boot por el MI6.

Uno de los papeles desclasificados afirma: «El golpe militar que depuso a Mossadegh y a su gabinete del Frente Nacional fue dirigido por la CIA como política exterior estadounidense, concebida y aprobada en los niveles más altos del gobierno».

El agente Kermit Roosevelt, nieto del presidente Theodore Roosevelt, estuvo al frente del operativo.

Tras analizar la situación en un informe titulado «Factores Involucrados en el Derrocamiento de Mossadegh», Roosevelt concluyó que un golpe era viable.

En plena Guerra Fría, Irán era un territorio estratégico para Occidente. Por un lado, servía como barrera contra la expansión soviética hacia el Golfo Pérsico. Por otro, sus yacimientos petrolíferos eran controlados por la Anglo-Iranian Oil Company (AIOC), hoy conocida como BP.

La AIOC operaba bajo un acuerdo de concesión que le otorgaba derechos exclusivos para explorar y extraer petróleo en la mayor parte del territorio iraní.

Estos intereses se vieron amenazados cuando Mohammad Mossadegh asumió como primer ministro en 1951.

Mossadegh y la nacionalización del petróleo

Aunque Irán seguía siendo una monarquía constitucional con el sha Reza Pahlavi como jefe de Estado, la elección de Mossadegh representó un avance democrático importante.

Su objetivo principal fue nacionalizar la industria petrolera, una medida muy popular dentro de Irán pero que generó alarmismo en Occidente, especialmente en Reino Unido, cuya empresa más rentable estaba en juego.

Simin Fadaee señala: «Reino Unido intentó revertir la nacionalización porque ponía en riesgo su influencia económica y estratégica en Irán, especialmente tras la pérdida de la India».

«Estados Unidos temía que Mosaddegh abriera la puerta a la influencia soviética, dado el fuerte movimiento comunista y socialista en el país», agrega.

Londres intentó negociar, pero Mossadegh rechazó cualquier participación extranjera en el petróleo iraní.

Fue entonces que Reino Unido buscó el apoyo de Washington, argumentando que el primer ministro era una amenaza para la lucha anticomunista.

Así nació la conspiración para derrocarlo.

El plan británico consistía en reemplazar a Mossadegh por el general Fazlollah Zahedi, considerado más complaciente, bajo la tutela del sha, quien era profundamente anticomunista y favorable a los intereses occidentales.

Cómo se ejecutó el golpe

En julio de 1953, Kermit Roosevelt llegó a Teherán. Se reunió con agentes locales, reclutó oficiales militares y ganó el respaldo de figuras religiosas.

También contactó al sha, quien había huido del país tras un fallido intento previo de golpe.

Fadaee explica que la operación fue «cuidadosamente planificada» y combinó «manipulación política, guerra psicológica y disturbios callejeros».

Financiaron a opositores, organizaron protestas y lanzaron una campaña de propaganda para presentar a Mosaddegh como una amenaza para la estabilidad.

En medio del caos, el general Zahedi movilizó al ejército, derrocó al gobierno y arrestó al primer ministro.

Documentos desclasificados muestran que varios clérigos participaron, incluido el ayatolá Abol Gashem Kashani.

Mossadegh fue juzgado por traición y condenado a tres años de prisión. Luego fue confinado en su casa, donde permaneció hasta su muerte en 1967.

El regreso del sha y el camino hacia 1979

Con el apoyo de EE.UU. y Reino Unido, Reza Pahlavi regresó al trono en 1953 y consolidó un régimen autoritario.

«El golpe sentó las bases para un largo período de autoritarismo cuyas consecuencias aún persisten», afirma Fadaee.

El sha creó la temida Savak, prohibió los partidos de oposición y reprimió a los activistas.

Durante más de dos décadas, gobernó con mano de hierro mientras Irán se volvía una de las economías más desiguales del mundo.

El derrocamiento de Mossadegh y la consolidación del sha prepararon el terreno para la revolución islámica de 1979, que abolió la monarquía persa de 2.500 años y estableció la República Islámica liderada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.

El nuevo régimen impuso una estricta ley religiosa, rompió vínculos con Occidente y adoptó una política exterior ideológica que transformó la región.

Las consecuencias hasta hoy

Tras la revolución, EE.UU. e Irán rompieron relaciones diplomáticas en 1980 tras la toma de la embajada estadounidense en Teherán, donde 52 diplomáticos fueron retenidos durante 444 días.

Washington impuso sanciones económicas severas y apoyó a Irak durante la guerra contra Irán en los años 80, un conflicto que dejó cientos de miles de muertos y destruyó la economía iraní.

Las sanciones han mantenido a Irán en crisis económica, con alta inflación y devaluación de su moneda. En marzo de 2025, el Banco Mundial estimaba que entre el 35 y 40% de los iraníes vivía en pobreza.

Cada año, en el aniversario del golpe de 1953, muchos iraníes se preguntan cómo habría sido su país si EE.UU. y Reino Unido no hubieran intervenido.

«El golpe allanó el camino para otras intervenciones imperialistas y derrocamientos de gobiernos elegidos democráticamente en el Sur Global», reflexiona Simin Fadaee.

«Quizás EE.UU. habría dudado antes de intervenir en Guatemala 1954, el Congo 1961 o Chile 1973 si no hubiera tenido éxito en Irán».

«A nivel nacional, el camino hacia la democracia y la justicia social habría sido más directo, aunque no necesariamente fácil», concluye.

Hoy, 70 años después, muchos iraníes ven cómo sus luchas internas siguen influenciadas por potencias extranjeras.

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