Si tu móvil vibra y dudas en responder, no es imaginación. Si colgas y en minutos suena de otro número, no es coincidencia. Miles de colombianos sufren este acoso telefónico diariamente, víctimas de un sistema que aprende, clasifica y reintenta hasta encontrar a alguien que pique.
Entre diciembre 2025 y enero 2026, el 88 % de latinoamericanos recibió llamadas no deseadas, según Who Calls, app de identificación y bloqueo del laboratorio ruso Kaspersky.
Cerca del 11 % fueron intentos de fraude bancario, promociones fraudulentas y estafas para robar datos o dinero. El fenómeno dejó de ser solo molesto para convertirse en un riesgo real para la seguridad financiera y la privacidad.
¿Por qué te llaman una y otra vez?
Lisandro Ubiedo, analista senior de seguridad de Kaspersky para América Latina, explica a EL COLOMBIANO que los ciberdelincuentes combinan marcación masiva con selección probabilística. No todos los números valen igual: quien atiende, devuelve la llamada o interactúa queda marcado como blanco potencial y entra en un ciclo de nuevos intentos.
“El tipo de fraude se ajusta al perfil de riesgo que el atacante infiere a partir de la interacción, el canal y la información disponible”, advierte. A unos les llega el falso soporte técnico; a otros, la extorsión de secuestro simulado, según lo que el criminal juzgue más efectivo.
En la estafa de falso call center el atacante se hace pasar por empleado de un banco, operador de telecomunicaciones o servicio técnico. El guión apela a una supuesta urgencia: fraude en la cuenta, virus en el móvil o movimientos sospechosos.
El objetivo es convencer a la víctima de instalar una app legítima de control remoto como AnyDesk o TeamViewer. Con ese paso el delincuente deja de pedir datos y opera directamente el dispositivo.
Este giro marca una evolución clave: antes la estafa dependía de que la persona dictara claves, números de tarjeta o códigos SMS. Ahora, con acceso remoto, el criminal manipula el celular, ingresa a apps bancarias, realiza transferencias y sustrae información sin levantar sospechas. Perfiles verificados en WhatsApp e imágenes institucionales refuerzan la credibilidad.
Otro clásico renovado es el secuestro falso. Los delincuentes llaman simultáneamente a varios miembros de la familia y usan apps que simulan ruidos de autos o ambientes hospitalarios. Además, emplean datos personales filtrados para parecer creíbles y aumentar la carga emocional, reduciendo la capacidad de verificación racional.
Ubiedo detecta patrones que encajan con dinámicas de auténticas “call centers criminales”: guiones repetidos, suplantación de marcas, llamadas y mensajes coordinados, automatización y reutilización sistemática de libretos. El objetivo es escalar: pasar de unas cuantas llamadas diarias a contactar miles de personas y concentrarse solo en quienes reaccionan.
Diciembre y enero concentran mayor movimiento financiero, compras y decisiones rápidas. Los guiones que ofrecen premios o alertan de fraudes bancarios funcionan mejor porque explotan la urgencia y la emoción. Atacan el factor humano de la urgencia, sumándole presión y emoción.
¿Cómo frenar el acoso?
Las medidas tradicionales muestran límites. Bloquear o reportar números corta un intento puntual, pero no desmantela la operación. Estas redes cambian de líneas, alternan llamadas, WhatsApp y SMS, y reaparecen con nuevas identidades, generando sensación de persecución permanente.
Desde la óptica técnica, la prevención pasa por reducir la interacción y filtrar antes del contacto. Soluciones que identifican patrones sospechosos en tiempo real buscan frenar el primer eslabón: la respuesta del usuario.
No atender, no instalar apps por indicación telefónica y no compartir códigos sigue siendo esencial, pero el volumen de spam explica por qué el problema crece incluso con leyes de protección de datos vigentes.
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