Washington formalizó una acusación contra China por presuntamente detonar un artefacto atómico en secreto el 22 de junio de 2020, lo que enciende la rivalidad entre ambas potencias mientras los tratados de desarme nuclear se desvanecen y surgen temores de una renovada competencia bélica.
Christopher Yeaw, alto funcionario del Departamento de Estado encargado de Control de Armamentos y Seguridad Internacional, reveló este martes en la capital estadounidense que Pekín habría hecho estallar un artefacto nuclear en las inmediaciones del histórico sitio de Lop Nur, en la región de Xinjiang, empleando métodos de camuflaje para burlar la vigilancia internacional.
El funcionario explicó que sensores sísmicos ubicados en territorio kazajo captaron una explosión de magnitud 2,76 que no encaja con un sismo ni con actividad minera, y sospecha que China utilizó técnicas de “desacoplamiento” para ocultar la prueba.
Dudas externas y rechazo internacional
La Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO) indicó que ese día registró dos microsismos separados por segundos, aunque su baja intensidad impide determinar si fueron detonaciones o fenómenos naturales.
Científicos independientes coinciden en que, con la información pública disponible, resulta imposible afirmar categóricamente que se tratara de un ensayo atómico sin acceder a datos clasificados.
China rechazó de plano la versión estadounidense, calificándola de “sin fundamento” y acusando a Washington de politizar el tema nuclear para justificar sus propios objetivos estratégicos.
Rusia, aliado clave de Pekín en seguridad global, declaró que ni Moscú ni China han efectuado pruebas nucleares recientes y respaldó la postura china frente a las acusaciones.
Estados Unidos podría retomar pruebas nucleares
Yeaw advirtió que la administración Trump podría valorar reanudar sus propios ensayos nucleares, suspendidos desde 1992, para evitar quedar en “una desventaja inaceptable” frente a China y Rusia en materia de disuasión estratégica.
La última detonación comprobada de EE.UU. ocurrió hace más de tres décadas, mientras que China reconoce su última prueba subterránea en 1996; los eventos de 2020 no han sido confirmados oficialmente por ninguna de las partes ni por organismos internacionales.
Fin de acuerdos y nuevas incertidumbres
El enfrentamiento se produce tras la expiración del tratado Nuevo START en febrero de 2026, el principal pacto bilateral que limitaba arsenales nucleares entre EE.UU. y Rusia, dejando sin un marco jurídico robusto a las principales potencias atómicas.
Trump y altos cargos han planteado la necesidad de un nuevo acuerdo de control que incluya a China, pero Pekín se ha negado a negociar, argumentando que su arsenal es significativamente menor que el de Washington o Moscú y exigiendo que se respeten reducciones verificables.
Las denuncias estadounidenses y la falta de consenso sobre verificación han reavivado el debate sobre el futuro del desarme nuclear y la estabilidad estratégica mundial. La ausencia de tratados efectivos y la posibilidad de que grandes potencias reanuden ensayos atómicos generan preocupación por una escalada de la carrera armamentista, con implicaciones para la seguridad global y para las comunidades hispanas en Estados Unidos que siguen estos desarrollos geopolíticos.
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