El gobierno de Irán descartó la posibilidad de renunciar al enriquecimiento de uranio en sus conversaciones con Washington, “incluso en caso de guerra” con Estados Unidos, cuya voluntad de negociar puso en duda.
Las autoridades de la república islámica exhibieron también su firmeza en el plano interno, con la detención de tres figuras del campo reformista y la condena a seis años de prisión a la opositora y nobel de la paz Narges Mohammadi.
Tras una ronda de conversaciones el viernes en Omán, la primera desde la guerra de 12 días desencadenada en junio por Israel, Estados Unidos e Irán afirmaron querer proseguir el diálogo.
Pero el jefe de la diplomacia iraní, Abás Araqhchi, se preguntó el domingo, durante una rueda de prensa, por la “seriedad” de Estados Unidos para “entablar negociaciones reales”.
Irán “evaluará el conjunto de señales y decidirá la continuación de las negociaciones”, afirmó.
Más tarde, el canciller iraní declaró que su país está en consultas con “socios estratégicos” (China y Rusia) sobre las conversaciones.
Teherán insiste en que solo quiere discutir su programa nuclear y que tiene derecho a desarrollar energía nuclear con fines civiles. Washington exige en cambio un acuerdo más amplio, que incluya limitar las capacidades balísticas del país y poner fin a su apoyo a grupos armados hostiles a Israel.
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