Chiribiquete: humanos y megafauna coexistieron en Amazonía colombiana

Interpretación científica de las manifestaciones pictóricas

Durante décadas, las pinturas rupestres presentes en la Amazonía colombiana han sido observadas con asombro y suposiciones variadas. Muchos individuos interpretan esos pictogramas como evidencias de visitantes extraterrestres o de sociedades utópicas. La ciencia, por el contrario, suministra una explicación distinta y robusta: las figuras de Chiribiquete y La Lindosa evidencian que las primeras comunidades humanas asentadas en Colombia compartieron su entorno con animales que actualmente están extintos.

Enfoque interdisciplinario y metodología

Tal conclusión es el resultado de las investigaciones realizadas por el especialista Carlos A. Lasso, del Instituto Humboldt, en conjunto con el arqueólogo Carlos Castaño-Uribe. Su aproximación combina arqueología, biología, ecología y la cosmovisión de los pueblos originarios, ofreciendo una visión integral.

Históricamente, estos estudios fueron cuestionados por abordarse de manera fragmentada. Según Lasso, el error consistía en desvincular la arqueología del arte rupestre de las disciplinas biológicas y ecológicas, cuando en realidad deben analizarse de forma interconectada. Esta perspectiva integradora permite descifrar el mensaje ancestral plasmado en la piedra.

El arte rupestre comprende dos categorías principales: petroglifos (grabados sobre roca) y pictogramas (realizados con pigmentos de color negro o rojo). En Chiribiquete y La Lindosa predominan ampliamente los pictogramas de tonalidad roja, creados con hematita, un material inorgánico que no permite la datación directa por carbono 14.

Para superar esa limitación, los científicos recurrieron al análisis de columnas estratigráficas. Estas consisten en fragmentos de roca pintada que se desprendieron y cayeron al suelo, cubriéndose posteriormente con restos orgánicos, como carbón de antiguas fogatas, a lo largo de milenios.

Al fechar dichos materiales superpuestos, determinaron que algunas pinturas podrían alcanzar los 20.000 años de antigüedad, situándolas en una era en que la megafauna aún poblaba la Amazonía.

El contenido visual de las imágenes sustenta esta interpretación. Contrario al arte rupestre del altiplano cundiboyacense, de estilo más geométrico y abstracto, el arte amazónico ostenta un carácter marcadamente figurativo. En Chiribiquete se observan representaciones detalladas de animales y plantas. Según Lasso, estas obras actúan como una suerte de escritura ancestral; no son meros dibujos sueltos, sino relatos ordenados que describen la vida diaria de las poblaciones paleoindígenas.

Dicha interpretación narrativa facilitó el reconocimiento de especies que ya no existen. Los murales exhiben figuras de mastodontes, gonfoterios y paleollamas, grandes herbívoros que habitaron la región durante el período Cuaternario junto a los seres humanos. Algunas escenas plasman enfrentamientos directos entre cazadores paleoindígenas y estos animales, lo que constituye una evidencia gráfica de la coexistencia.

La carencia de restos fósiles en Chiribiquete y La Lindosa no invalida esta lectura. Los suelos ácidos de la Amazonía no favorecen la fosilización, por lo que el arte rupestre se erige como una de las escasas fuentes para reconstructir la biodiversidad pretérita. Bajo esta óptica, las pinturas no aluden a entidades de otros mundos, sino a un entorno desaparecido donde humanos y megafauna compartían el territorio.

Los investigadores enfatizan la urgencia de salvaguardar estos yacimientos. La práctica de la guaquería ha dañado más del 90 % de las cuevas con vestigios arqueológicos en Colombia. Por eso, Lasso y Castaño-Uribe están preparando una publicación académica que compilará los hallazgos y promoverá la conservación de este patrimonio, cuya historia permanece indeleble en la roca.

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